Pirineos de Navarra
El principal atractivo del Pirineo navarro es su riqueza natural y paisajística. La zona norte ofrece variadas fórmulas de alojamiento para disfrutar de un camping o de un albergue, y para descansar en los diversos alojamientos rurales: casas, apartamentos y hoteles. En todos ellos se sentirá en estrecho contacto con la montaña y arropado por la tranquilidad de la noche.
 Al despertarse en un caserío y abrir la ventana, se siente cómo la naturaleza salvaje invade la habitación con un fresco olor a rocío y a hierba verde. El susurrante tintineo de las hojas de los castaños y hayas se cuela descaradamente invitando al paseo por los senderos que recorren la Selva de Irati o se adentran en los valles pirenaicos mostrando el encanto rural de sus pueblos. Una multitud de rincones esperan para ser redescubiertos: Aezcoa con sus hórreos, Baztán y sus palacios, el valle de la Ultzama de perfil ondulado y verde, los rasos de Urbasa y sus rebaños de ovejas latxas
Al pausado y relajado paisaje acompañan importantes enclaves lengendarios e históricos: la Real Colegiata de Roncesvalles, puerta del Camino de Santiago en Navarra o el Santuario románico de San Miguel de Aralar, cuyo principal tesoro es su retablo de esmaltes y cristal de roca de principios del siglo XII. Un paseo por el Pirineo abre el apetito. La mesa se llena con una amplia carta: carnes de vacuno y ovino, foie, confit de pato, setas, salmón o trucha y los platos de caza en temporada. De postre, quesos elaborados con leche de oveja con Denominación de Origen Roncal o Idiazábal- , los canutillos con crema, la famosa cuajada o la costrada de Aoiz.
Cuenca de Pamplona
Pamplona recibe al visitante con una amplia oferta de hoteles, hostales, pensiones y apartamentos repartidos por toda la ciudad. Además un camping y varias casas rurales en los alrededores permiten disfrutar de un entorno hecho a la medida del visitante, lleno de espacios verdes y sin aglomeraciones en cualquier época del año, excepto del 6 al 14 de julio cuando llegan los Sanfermines y la ciudad se transforma en una fiesta multitudinaria.
 Pamplona es una ciudad para dejar de lado el estrés y que el tiempo discurra desde una terraza de la Plaza del Castillo, en pleno centro histórico. Es un placer observar el ambiente de la calle mientras se degusta un pincho acompañado de un buen vino de la Denominación de Origen Navarra o sentir los cálidos rayos de sol que iluminan la colorida plaza. Es momento de olvidar el reloj, de pasear por algunos de sus parques como la Ciudadela o la Taconera, de dejarse llevar entre la arquitectura de sus calles y de escuchar las historias y leyendas de la ciudad a través del silencio de sus murallas, del camino que traza la Ruta Jacobea o del claustro gótico de la Catedral de Santa María, uno de los más bellos de Europa. La tranquilidad que ofrece la ciudad se convierte en una oportunidad para saborear el recorrido del Encierro de los Sanfermines y percibir la tensión de la carrera que destila la curva de Mercaderes o la emblemática calle Estafeta. La visita a Pamplona se cierra con una amplia oferta de ocio, cultura y actividades deportivas. La posibilidad de practicar escalada, parapente, senderismo, hípica o golf se extienden por toda la Cuenca y se enmarcan en un entorno natural integrado por pequeños y cuidados pueblos y protagonizado por la Sierra del Perdón, el Manantial de Arteta y los valles de Ollo y de la Ultzama
La Zona Media
La Zona Media de Navarra cuenta con una interesante oferta de alojamientos: hoteles, campings y casas rurales y, para estancias singulares, las hospederías de los monasterios de Leyre y Codés, o el Parador Nacional "Príncipe de Viana" de Olite.
 Despertarse en el medievo sintiéndose soberano del Reyno de Navarra no resulta difícil si se aloja en una de las dependencias del Palacio Viejo del Parador Nacional Príncipe de Viana, en la pequeña localidad de Olite, villa elegida como residencia predilecta por Carlos III el Noble. Es un placer sentarse en uno de los miradores del Palacio Nuevo y observar la línea del horizonte que sugiere suaves colinas y esconde pueblos sorprendentes como la fortaleza medieval de Ujué.
Resulta muy relajante escuchar el silbido del viento que se cuela entre las torres trazando un sinuoso camino, como el que dibuja la Ruta Jacobea que atraviesa de este a oeste la Zona Media de Navarra y se detiene en localidades con un importante patrimonio monumental como Sangüesa, Puente la Reina, Estella y Viana. Esta región invita a disfrutar de la tranquila conversación con un peregrino, de los relatos de aquellos que ven pasar a los visitantes o de la puesta de sol al abrigo de los arcos de Santa María de Eunate. También anima a redescubrir rincones como la foz de Arbayún, un paraje donde el silencio se confunde con el majestuoso vuelo del quebrantahuesos y los buitres leonados que forman la colonia más importante de Europa en su especie; o el nacedero de aguas turquesas, que se descuelga de las rocas kársticas del Parque Natural de Urbasa-Andía. Tras un día tranquilo nada mejor que disfrutar en buena compañía de la huerta navarra, de un jugoso asado y de las "glorias" de Sangüesa, o de las "rocas del Puy" de Estella, exquisitos postres de la zona. Muy cerca de esta localidad le espera la Hospedería de Leyre en el monasterio de San Salvador a los pies de la Sierra de Leyre; un paraje donde la belleza natural y la importancia histórica del enclave van de la mano.
La Ribera
A la hora de dormir, la Ribera cuenta con alojamientos para todos los gustos y precios, desde los establecimientos hoteleros de Tudela, pasando por el balneario de Fitero, hasta las casas rurales o los albergues cercanos a las Bardenas Reales.
 Curiosa resulta la estancia en las cuevas de Valtierra, singulares viviendas construidas en las entrañas de la tierra, para conocer cómo vivían los antepasados de esta región y sucumbir a la belleza del paisaje del Parque Natural de las Bardenas Reales, un árido y despojado espacio abierto perfilado por el embate del viento sobre arcillas, yesos y areniscas; un paraje de aspecto lunar para perderse en el silencio. El impacto del desierto de las Bardenas contrasta con los caudalosos ríos que atraviesan el sur de Navarra, como el Ebro. Apacibles y lentos serpentean la extensa llanura de la Ribera alimentando una rica huerta, base de exquisitos platos como la menestra, los espárragos, el cardo, la borraja o el pimiento del piquillo. Completan el paisaje los olivos de los valles del Queiles y del Alhama y los viñedos que invitan a recrearse en sus retorcidas formas que alimentan el fruto del excelente vino Denominación de Origen Navarra. Tudela, capital de la Ribera, es una ciudad para descubrir la mezcla de las culturas cristiana, árabe y judía que tallaron su historia. En la esquina de una calle, bajo el alféizar de una ventana o al abrigo de un alero de una vivienda, se percibe en calma lo que fue y lo que ofrece al visitante que busca un lugar tranquilo para perderse.
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